Innovación en Latinoamérica: ¿qué nos depara el futuro?: Entendiendo el escenario regional
Los procesos de innovación en América Latina no se pueden concebir sin tomar en cuenta su historia y trayectoria, así como la cultura y los valores asociados al mismo término. Partiendo desde el determinismo tecnológico, mismo que ha establecido una relación casi irrefutable entre la innovación tecnológica y el desarrollo, al menos para los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, ha generado varios cuestionamientos y críticas sobre cómo hemos adoptado y adaptado a la tecnología, sus cambios y artefactos desde nuestros países latinoamericanos. Muchas veces nos preguntamos por qué al intentar replicar procesos de innovación tecnológica no obtenemos resultados como los percibidos en países desarrollados, lo que cuentan con un carácter aspiracional en nuestro pensamiento colectivo. En este ensayo, se pretenderá analizar los elementos que han jugado un papel importante al momento de determinar el fracaso o éxito de la innovación tecnológica en nuestra región. Estos elementos irán desde la historia detrás de nuestra relación con la tecnología y las políticas tecnológicas, hasta los enfoques más utilizados al hablar de innovación en nuestra región, con respecto a la tecnología. Se mencionará la cultura de innovación, el rol de los expertos en la construcción de ambientes de innovación, los marcos y paradigmas que guían las políticas de ciencia y tecnología para finalmente ahondar en un ejercicio prospectivo, que intente responder la pregunta: ¿hacia dónde va la innovación tecnológica en América Latina?
La política detrás de la tecnología
Para empezar a comprender cómo se configura la relación de los países latinoamericanos en cuanto a la tecnología, es importante hablar de la política de la tecnología. Antes del surgimiento de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, se solía atribuir un carácter neutral a la ciencia y a la tecnología. Se intentaba promover su despolitización, como forma de mantenerla pura. Sin embargo, no existe nada más falso que una tecnología que este permeada de política. Como lo afirma Langdon Winner, “los artefactos tecnológicos pueden contener propiedades políticas” (Winner 1980). La política detrás de la tecnología se evidencia en ciertos casos más que otros, como, por ejemplo, el uso de la televisión como herramienta de poder, autoridad y privilegio de unos sobre otros. Los medios de comunicación se han convertido en herramientas de poder por excelencia, en los cuales los intereses políticos no pueden deslindarse de la tecnología en sí. Como lo mencionaba anteriormente, algunas tecnologías o artefactos son más obvios al momento de concebir la política asociada al mismo, sin embargo, generalmente pensamos que la tecnología y sus artefactos tienen un carácter neutral, y que su uso es lo que determina si es “bueno” o “malo”. En este sentido, le damos un mayor peso al uso, más que a su diseño o concepción. Rara vez hacemos un ejercicio consciente sobre sobre la posibilidad de que un artefacto o tecnología pueda haber sido diseñada y construida de tal forma que produce una serie de consecuencias lógicas y temporales aún antes de su uso. Existen varios ejemplos de surgimiento de tecnologías y artefactos que han producido consecuencias políticas que sobrepasan las categorías de intencional e impensado inclusive causando una brecha entre medios y finalidades (Borgmann 1984). Uno de estos ejemplos es el uso de Tik Tok hace unos meses para sabotear un mitin de Donald Trump en Estados Unidos. La aplicación Tik Tok, originalmente se diseña para utilizarse como forma de entretenimiento rápido en el que los usuarios comparten videos de corta duración. Sin embargo, esta plataforma fue utilizada para que cuentas de fans de K-pop compartan la información sobre cómo registrarse para obtener un ticket para un evento de Donald Trump en Oklahoma, todo esto, sin intención de presentarse. El sabotaje, principalmente promulgado por los usuarios de esta plataforma ha generado desde entonces controversias involucrando al Presidente Trump. (New York Times 2020). Tomando en cuenta este ejemplo, se podría argumentar que, aunque la aplicación de Tik Tok no fue diseñada con fines políticos, no advirtió que la forma en la que está diseñada ayudó a que activistas y usuarios la usen para fines políticos, como sabotear una reunión del presidente de los Estados Unidos de América.
Es
importante recalcar el carácter político de la tecnología puesto que “Las cosas
que llamamos tecnologías son formas de construir orden en nuestro mundo” (Winner
1980, 127). En este sentido los procesos de innovación tecnológica son
similares a actos legislativos o principios políticos puesto que establecen un
marco específico para el orden público, que durará por varias generaciones. Esto
involucrará también la toma de decisiones en cuanto a la creación o
mantenimiento de ciertas condiciones sociales para asegurar el ambiente
operativo de ese sistema. Para lograr entender de donde viene nuestra visión
sobre la innovación, es imperante entender qué tecnologías y qué contextos son
importantes para nosotros y por qué.
Las
tecnologías representan un elemento importante en relación a la estructura
social, comparable funcionalmente a otros tipos de estructuras sociales como
instituciones económicas, leyes o sistemas de creencias culturales (Sclove
1992). Comparado a otras estructuras sociales, la tecnología cuenta con un
grupo de cuestionamientos únicos. Esto lo podemos evidenciar al momento de
analizar el hecho de que existe una relativa inadvertencia de sus orígenes
sociales y los significados subsecuentes en las estructuras. Esta suerte de
ceguera, aumenta la importancia estructural de las tecnologías al habilitar su
fuerza de influencia con una mínima conciencia colectiva de que lo están
haciendo, así como de cómo lo hacen.
Tecnología y
democracia
Cuando
pretendemos entender las maneras en las que los países de Latinoamérica
concebimos y aceptamos la tecnología y todo lo relacionado a ella, llámese
innovación, cambio o políticas tecnológicas, es importante recalcar los ideales
democráticos. Estos ideales han dado forma a nuestra percepción sobre la
tecnología y como esta debería servir para fortalecer sociedades en la
democracia. En este sentido, se vuelve imperante para naciones que se
consideran y que promueven culturas democráticas, predicar con ejemplo en
cuanto a la tecnología también. La democratización de la tecnología incluirá
componentes tanto procedimentales como substantivos. Esto significa que deben
existir oportunidades para que personas diversas puedan participar en la toma
de decisiones sobre el siempre cambiante orden tecnológico; así como que las
tecnologías que resulten de estos procesos deben ser compatibles en diseño y en
finalidad hacia fortalecer premisas democráticas (Sclove 1992). La innovación
irá de la mano con los ideales de la democratización de la tecnología. La
inclusión de actores que generalmente no son tomados en cuenta para la toma de
decisión en cuanto a tecnologías, puede ser una herramienta valiosa para
promover la innovación. La promoción de participación en los procesos de diseño
tecnológicos brindará una amalgama más extensa al momento de tomar decisiones
sobre la implementación, adopción o desarrollo de una innovación tecnológica. Contar
con participantes diversos en todo el sentido de la palabra, incrementa las
posibilidades de alternativas creativas o descubrimientos importantes. Así
también asegura que varias necesidades, perspectivas y experiencias permeen
diseños y propuestas de innovación.
La
creación de espacios que promuevan la democratización de las tecnologías
conllevan ventajas que contribuirán a la construcción de ambientes innovadores
institucionalizados. El desarrollo del pensamiento crítico, la incorporación de
enfoque diversos, aumento en un sentido de pertenencia y valor cívico, son unos
cuantos productos que coadyuvan consolidar procesos de innovación efectivos. En
este sentido, existen varias maneras en las que la ciudadanía puede
involucrarse en los procesos de diseño tecnológico, pero se debe apuntar a que
este sea participativo.
Cultura de innovación
en América Latina
Una
vez que hemos hablado del carácter político de la tecnología y consecuentemente
de la innovación es importante retomar el tema de la cultura de innovación en
América Latina. Si se comparan las instituciones sociotécnicas de diferentes
países, se puede ver las maneras en las que las actitudes culturales, valores,
ideologías, sistemas políticos y estructuras sociales tiene efecto sobre las
mismas. Dichos valores y características se relacionan directamente en las
formas de adopción y adaptación del cambio tecnológico. Es así que cuando
tomamos como ejemplo cómo las personas están dispuestas a realizar cambios
sobre la forma en la que viven de acuerdo a la innovación tecnológica, pero
esas mismas personas la resistirían si estos cambios se justificaran con base a
principios políticos (Winner 1980).
Es
así que no podemos olvidar que las tecnologías exhortan influencias simbólicas
y culturales en el sistema en el que se desempeñan (Sclove 1992). Un elemento
clave de la cultura de innovación en América Latina es la forma en la que está
conformada la infraestructura científico tecnológica de la misma. Algunos de
estos elementos según Sábato y Botana (1970) son: el sistema educativo y el
capital humano que produce, las organizaciones e instituciones en donde se
realiza investigación, el sistema de planificación de políticas tecnológicas,
los instrumentos legales y administrativos que determinan el funcionamiento de
lo antes mencionado y los recursos económicos y financieros asignados a cada actividad.
Cada
elemento mencionado está permeado por ciertos valores y características que
hacen que esta infraestructura sea más o menos apta para la innovación. Por
ejemplo, si tenemos un sistema educativo que no premie el pensamiento crítico
ni ofrezca oportunidades para que las personas desarrollen habilidades
creativas, difícilmente contaremos con adultos que creen ambientes de creación
en un futuro. Así también, si el sistema nacional de un país no cuenta con
institutos o laboratorios que realicen investigación, en el campo de la
genética, para ejemplificar, difícilmente se podrá innovar en esta área. Así
también, uno de los mayores impedimentos para que se genere una cultura de
innovación adecuada son los fondos destinados a la misma. Tal como lo menciona
Albornoz y Fernández (2000) “es importante notar que América Latina representa
tan sólo el 1,7% de la inversión mundial en I+D”.
Cuando
se compara la inversión y los resultados en cuanto a innovación tecnológica,
tenemos un panorama en el que indicadores tales como número de patentes e
indicadores bibliométricos guardan una relación directa con la inversión.
El
uso de indicadores también es una característica de la cultura de innovación en
la región. Si bien los indicadores se han utilizado alrededor del mundo para
poder establecer ciertos parámetros e ir midiendo aspectos relacionados a la
tecnología, en nuestra región, no se puede hablar de indicadores
despolitizados. En este sentido, mucho del ejercicio que se hace en las
naciones latinoamericanas en cuanto a indicadores responde a decisiones
políticas. Debido a la creciente importancia que la ciencia y la tecnología han
adquirido a nivel social y económico, las decisiones en estas áreas se han
relacionado intrínsecamente con grupos de interés. Las decisiones que tienen un
carácter tecnológico suelen intentar justificarse por medio de indicadores y
cifras que provengan de la ciencia. Esto no como un ejercicio de argumentación
en torno a las decisiones que se toman en la esfera pública sino como justificaciones
ex-post de decisiones que se iban a tomar de cualquier manera (Velho, 1998).
Otra de los elementos dentro de la cultura de innovación es el rol de los expertos en el proceso de toma de decisiones en relación a la tecnología. Actualmente, estamos experimentando una época en la que las “fake news” se han apoderado de la forma en la que consumimos información. Esto no escapa a la tecnología puesto que es la principal herramienta para propagarla. Existe una tendencia en el que la falta de confianza en expertos y experticia puede llevar a tiempos de populismo tecnológico (Collins y Evans 2007). Es así que aunque exista cierto consenso sobre la experticia y el rol de los expertos en los procesos tecnológicos, estos pueden irse modificando. Como lo menciona Elzinga y Jamison (1995), las culturas establecidas hacia la generación de políticas tecnológicas pueden determinar la posición y privilegio de los expertos. En un país en donde prime una cultura política académica, se pude evidenciar una suerte de dominación de élites, en las que los expertos son reconocidos como los principales asesores de un gobierno en materia de creación de políticas públicas. En la región, en las últimas décadas se evidenció un intento de establecer administraciones públicas tecnocráticas. Estas consideraban que los expertos de todas las ramas debían estar involucrados en el proceso político. Aunque esto podía parecer pertinente y tener mucho sentido, también se debe tomar en cuenta que una tecnocracia puede suponer la mezcla de arrogancia elitista con una fe complaciente en la tecnología (Kurt 2000). En este sentido, el endiosamiento de expertos puede generar que los procesos de innovación se lleven a cabo de una forma top-down en la que no se cuente con inputs de todos los actores involucrados por primar la de los expertos. Recordemos que después de las guerras mundiales, el movimiento tecnocrático fue quien encarnó la idea de que la toma de decisiones que requiera conocimiento especializado debe ser despolitizado y dejado a expertos (Jasanoff 1990). En este sentido se promueve la idea de que administradores y gerentes en varias instancias de gobierno aparte de su experiencia, requerían conocimiento técnico. Sin embargo, existen varias críticas relacionadas al poder que tienen ciertos grupos de expertos y entendidos en temas de carácter público, tales como el medio ambiente o la salud pública. Adicionalmente, si hablamos de conservar ideales democráticos, el culto hacia los expertos iría en contra de los principios mismos de las democracias promovidas por Estados Unidos y países desarrollados.
Innovación para la
inclusión social
Una
vez se ha hecho un recuento sobre los elementos que pueden explicar la forma en
la que adoptamos y adaptamos la tecnología y generamos innovación en América
Latina, podemos abordar algunos modelos y enfoques presentes en la región con
respecto a la innovación tecnológica para la inclusión social. Como
mencionábamos anteriormente, el desarrollo ha sido uno de los ideales
principales hacia el cual la región ha trabajado y mantiene como meta,
apoyándose en la tecnología. La generación de insumos tecnológicos que puedan
dar soluciones a problemáticas sociales no es nueva. Desde los años 60s
empiezan a aparecer conceptos como “tecnologías apropiadas”, “tecnologías
alternativas” o “innovaciones de base”. Todas estas como respuesta al modelo y
patrón dominante sobre la industrialización y desarrollo tecnológico en la
región de los últimos 50 años (Thomas et al 2015)
Conceptos
como la innovación social también han sido parte del escenario latinoamericano
cuando hablamos de tecnología. El enfoque de todas estas prácticas e
iniciativas es brindar una respuesta a las problemáticas comunitarias en
ambientes precarios y con características de alta pobreza, como nuestra región
latinoamericana. Todos estos planes y programas se los puede englobar dentro de
“tecnologías para la inclusión social” tal como las define Thomas (2015):
Formas
de diseñar, desarrollar, implementar y gestionar tecnologías orientadas a
resolver problemas sociales y ambientales, generando dinámicas sociales y
económicas de inclusión social y desarrollo sustentable”. Las principales
temáticas para las cuales se buscan soluciones son salud, educación,
comunicaciones, transporte y vivienda, por mencionar algunas. Los principales
actores de estas iniciativas son colectivos, organizaciones no gubernamentales,
organismos internacionales o inclusive empresas públicas y privadas.
El
vínculo entre el desarrollo tecnológico y la innovación para dar solución a
problemáticas sociales parecería obvio; sin embargo, únicamente desde la última
década se los aborda desde los estudios de innovación. Los principales actores
a nivel internacional en generar iniciativas en forma de cursos, talleres,
publicaciones e inclusive lineamientos en torno a la innovación para el
desarrollo han sido el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD) o el Banco Interamericano para el Desarrollo. De esta
manera, existe cierto consenso en cuanto a la necesidad de utilizar los avances
tecnológicos hacia la resolución de problemáticas sociales que conjuguen
elementos necesarios para alcanzar el desarrollo en la región, sin embargo, todavía
no estamos claros en cuál es la mejor manera de hacerlo. En este sentido, no
existe una receta o un modelo a seguir para garantizar que la asociación entre
tecnología e innovación resulten en el alcance de objetivos de desarrollo para
América Latina (Rodríguez y Alvarado 2008).
Aunque
existen disputas entre cómo abordar las problemáticas de la región y las
soluciones pertinentes para cada una, uno de los elementos a considerar en
estos procesos de innovación es la posibilidad de trascender la “transferencia
tecnológica” y mudarnos a un sistema en que se conciba al desarrollo inclusivo
como intrínseco a la creación de sistemas democráticos (Thomas et al 2015). En
este sentido, se intentaría dejar de lado el modelo adaptativo y tardío, en el
cual se adoptan tecnologías en vez de generarlas (Nochteff 1994). En el
siguiente apartado, se resumirán algunos enfoques de innovación en la región
para finalizar con un ejercicio prospectivo sobre qué nos puede deparar cómo
Latinoamérica en cuanto a la innovación.
Enfoques de la
innovación
El movimiento de la Tecnología Apropiada surge en los años 60 y se establece como un paradigma dominante hasta principios de los años 80. Una de las características principales en cuanto a las tecnologías apropiadas era su bajo costo de implementación, denotado en proyectos que impactaban en una escala local, con bajos costos de capital, uso de materiales locales, con bajos niveles de tecnicidad y que pudiesen ser sostenidos por miembros de comunidades sin necesidad de la intervención de un experto en todo momento (Thomas et al 2015). De cierta forma, la Tecnología Apropiada se convierte en el primer intento de tropicalización de iniciativas tecnológicas para el desarrollo en la región en la que se dista de implementar modelos de fuera, sin tomar en cuenta el contexto local.
Dentro de las premisas de la Tecnología Apropiada, se concibe que el salto al desarrollo pleno en países como los de nuestra región debía darse de forma gradual. En este sentido, no se intentaría implementar tecnologías iguales a las utilizadas en países desarrollados, sino se primaría el uso de tecnologías intermedias, mismas que logren adaptarse a las condiciones locales y contribuyan a una diversificación del empleo, producción y consumo, especialmente para comunidades rurales. Algunas de las limitaciones de este movimiento se relacionan con la falta de escalabilidad de las iniciativas. En este sentido, los bajos costos y los bajos niveles de conocimiento científico y tecnológico generan una suerte de tope hacia lo que se puede concebir hacer en un futuro, es decir, en un corto plazo, lograban solucionar un problema específico, pero no se podían transformar en soluciones de mediano o largo plazo. Esto también influyó en su capacidad de ser autosustentables. De igual forma, en un primer plano, los artefactos nacidos de proyectos con enfoque de tecnología apropiada eran concebidos y diseñados por expertos y tecnólogos foráneos, quienes suponían las soluciones a las problemáticas locales, generando una suerte de transferencia tecnológica, dando una importante relevancia al rol de los expertos en todo el proceso tecnológico. Aquí podemos denotar que la cultura de innovación permea la forma en la que se adopta este tipo de innovación en la región. Se da cierta prioridad al contexto, pero no prima lo económico, así también, brindar un rol importante para los expertos al colocarlos como actor principal al momento de diseñar tecnologías.
El siguiente movimiento de innovación tecnológica es el de Tecnología Alternativa. Este surge a la par con el movimiento de Tecnología Apropiada, pero se promueve mayoritariamente en países desarrollados. Su principal enfoque es transformar las maneras de producción y consumo masivos, característicos de las sociedades capitalistas industrializadas. Su propuesta sugiere que debe existir un modelo tecnológico más sustentable, priorizando la autosuficiencia, las prácticas de consumo y uso de insumos renovables y democracia participativa. La mayoría de tecnologías desarrolladas bajo este enfoque tienen un carácter ambientalista, en las que las formas de generación y conservación de energía son más amigables con el medio ambiente, tales como sistemas de calefacción solar, técnicas de agricultura orgánica, entre otras (Thomas et al 2015).
A pesar de sus premisas, el movimiento de Tecnología Alternativa no progresa por las estructuras sociales existentes. Se evidencia una desalineación con los ideales políticos y culturales de los años 90 que glorificaban el libre mercado, el individualismo, el consumo y la competencia global. Este movimiento puede que tenga varios puntos de convergencia con los movimientos ambientalistas actuales. Comparten varios ideales de transformación en patrones de consumo y la innovación tecnológica ayuda a que estas nuevas formas de organización y relación entre actores se den de forma más rápida y eficiente (Bortagaray 2016).
El
siguiente enfoque es el de Grassroots Innovation o la innovación desde las
bases, mismo que surge en los años 80s y se mantiene como el paradigma de
innovación para regiones como la nuestra. Enfatiza el emprendimiento individual
para hacerle frente a la pobreza y solventar las fallas del Estado y del
mercado. Así también se caracteriza por contar con una visión empresarial de
las iniciativas que originalmente surgen de dar solución a problemas de
comunidades extremadamente pobres. Este enfoque considera la importancia de
generar iniciativas desde los usuarios y beneficiarios, confluyendo en estos
saberes tradicionales y la construcción local de capacidades en escenarios
usualmente excluidos de procesos de innovación como son los contextos rurales e
informales (Thomas et al 2015).
Si
bien este enfoque contempla el contexto de las comunidades con las que se
trabaja, existe una importante diferencia con el enfoque de Tecnología
Adecuada: la sostenibilidad futura y el enfoque empresarial. Es así como se
apela a que la innovación no solucione una problemática únicamente, sino que
proporcione un entorno productivo que pueda impactar positivamente a la
comunidad, en términos económicos. En este sentido, se toma en cuenta las
creaciones, artefactos y tecnologías de innovación que los miembros de la
comunidad puedan concebir, se les agrega valor y de estar manera se las puede
difundir y monetizar. La creación de redes de apoyo, concursos y premios para
apoyar a los innovadores con capital para que puedan obtener una viabilidad y
sostenibilidad comercial ha sido importante para que este enfoque sea exitoso. En
este enfoque podemos observar la importancia de la infraestructura de
innovación de la que nos habla Jorge Sábato, en el que el éxito de la
innovación radica en la conjugación de varios elementos que generen un sistema
apropiado basado en el capital humano, la inversión, las organizaciones y los
instrumentos legales y administrativos de un país, o región (Albornoz 1997).
El
movimiento de Tecnología Social es uno que ha tomado relevancia en la región en
las últimas décadas. Origina en Brasil, tomando elementos del enfoque de
Tecnología Apropiada y como reacción a políticas económicas neoliberales de los
90s. Uno de los hitos más importantes en relación a este movimiento es la
creación de la Red de Tecnologías Sociales (RTS) en Brasil, lanzada en 2005 y
que logró reunir a más de 900 instituciones, entre las cuales figuran
organismos no gubernamentales, universidades, empresas y agencias estatales.
Debido a estar variedad de actores involucrados, en la definición de Tecnología
Social, confluyen varias visiones. Dagnino (2011) propone la siguiente:
“la Tecnología Social es
el resultado de la acción de un colectivo de productores en un proceso de
trabajo que, de acuerdo con un contexto socioeconómico (que genera la propiedad
colectiva de los medios de producción), y un acuerdo social (que legitima la
asociación) que implique el control (autogestionado) y cooperación (voluntaria y
participativa) del entorno de producción, permite un cambio en el producto
pasible de ser apropiada según la decisión del colectivo”
Partiendo
de esto, se puede concebir a la Tecnología Social más allá de un enfoque o un
movimiento, es un proyecto político y social. Así también, se hace una alusión
a la replicabilidad de las iniciativas que surgen de este enfoque. En el que el
aprendizaje, los conocimientos, los valores y los significados se van
redefiniendo según el lugar en donde se quiere aplicar una tecnología o un
artefacto desarrollado en otro sitio diferente. Esto ya no se concebiría como
“transferencia tecnológica” si no se haría un énfasis en una “reaplicación” de
tecnologías. Este proceso dista de los enfoques anteriormente mencionados en el
sentido en el que la inclusión social no es validada únicamente por la
resolución de una problemática comunitaria, sino también por la creación de
competencias de las comunidades durante el proceso tecnológico.
Aunque
este enfoque muestra varias ventajas para su aplicación, todavía se encuentra
en una etapa inicial al momento de hablar de su rol dentro de las políticas
públicas. La creación de redes de apoyo y la suma de actores relevantes para
soportar el trabajo que conllevan proyectos con este enfoque no son lo
suficientemente grandes ni relevantes en la región. Así también, existe una
clasificación dentro de los gobiernos de estas iniciativas dentro de políticas
de desarrollo y no dentro de políticas de ciencia y tecnología. Otra limitante es que tiende a no ser de
interés de científicos, quienes generalmente enfocan sus esfuerzos académicos
dentro del marco de las agendas mainstream de investigación y desarrollo.
En
enfoque de innovación social comienza en los años 2000 en países desarrollados
con el fin de solucionar problemáticas sociales por medio de tecnologías que
aporten al cambio al satisfacer necesidades de grupos sociales desfavorecidos.
La conceptualización del término innovación social es vaga debido a su rápida
difusión, sin embargo, se puede argumentar que alude a todas la nuevas
dinámicas, productos y modelos que satisfacen necesidades sociales y
reconfiguran las relaciones entre actores, brindando un espacio de
empoderamiento de la sociedad de actuar (Thomas et al 2015). Uno de los
elementos importantes cuando se habla de innovación social tiene que ver con el
interés de los hacedores de políticas públicas en taclear problemas complejos
que enfrentamos como sociedad: el cambio climático, la eficiencia energética o
la escasez de recursos. Estos grandes desafíos son originalmente los que
incitan a repensar y reconfigurar las respuestas a los mismos, descentralizando
el accionar público para incluir a agentes sociales en el camino. Las esferas
de acción en las que se han visto involucradas las prácticas de innovación
social van desde el sector educación, arte, comunicación, gobernanza hasta
campos administrativos (Thomas et al 2015). En este caso, se brinda un
importante rol a las TIC. Estas como una herramienta para conseguir un fin
social, así como herramientas para reconfigurar arreglos institucionales y
formas de organización. Para estos procesos, la innovación no parte desde
elementos totalmente nuevos, sino reconfigura los usos, valores o significados
de elementos que ya existen para recrear nuevas formas de organización. Varios
programas se han desarrollado bajo este esquema, sin embargo, no se ha logrado
un nivel de influencia como los enfoques anteriores. Así también, la
construcción y diseño de tecnologías en la innovación social se basa en
conocimientos de reciente generación, que también ha situado a expertos y
científicos en una posición privilegiada al momento de decidir cómo abordar
ciertas problemáticas y determinar las soluciones específicas para la misma.
Conclusión
La
mayoría de estudios sobre innovación se han enmarcado dentro de la noción de
sistemas de innovación. Esto se debe principalmente a que se concibe a la
innovación como una forma compleja de resolver problemas, cuya dependencia en
el contexto es crucial. Se han realizado investigaciones que destacan el rol de
instituciones formales, especialmente las universidades e institutos públicos
dedicados a la investigación y desarrollo. Para responder a la pregunta sobre a
donde se dirige la innovación en la región, podemos rescatar tres puntos
importantes. Primero, la política está y estará intrínsecamente ligada a
procesos de innovación en América Latina. Tomar en cuenta esto en los procesos
de toma de decisiones en cuanto a políticas tecnológicas no sólo es necesario,
es el corazón de las decisiones subsecuentes que se tomen como región para
enfrentar los escenarios siempre cambiantes en cuanto a la tecnología. Segundo,
la cultura de innovación en la región debe ir modificándose de forma gradual
para que incorporar valores, significados y percepciones que tenemos sobre la
tecnología y su rol en nuestras vidas. Así también, nuestros valores como
países determinarán las problemáticas a las que dedicaremos esfuerzos y
recursos, así como las necesidades imperantes que nos atañen en cierto momento
o tiempo. Finalmente, los aprendizajes obtenidos de los varios intentos de
incorporar tendencias de innovación en la región nos servirán para crear
movimientos que den respuesta a cada uno de nuestros contextos. Tenemos claro
que los momentos históricos y los eventos futuros se encargarán de darle forma
a nuestras maneras de abordar problemáticas como la exclusión social. Así
también estamos conscientes de que “el problema de la exclusión social no en
endémico de los países en desarrollo o países subdesarrollados, es un problema
global y sistémico” (Thomas et al 2015, 45). Dicho esto, al pensar en la
innovación como la forma de solucionar estos problemas, no se puede hablar de
soluciones únicamente relacionadas al lugar en donde ocurren, puesto que
estaremos replicando el mismo mal que combatimos al crear tecnologías y
artefactos que exacerben dichas desigualdades y fortalezcan dinámicas
excluyentes. El panorama de innovación para América Latina es promisorio,
siempre y cuando se pueda aprender de nuestras experiencias pasadas y saber
adaptar los retos y surgimientos presentes y futuros al momento de repensar
nuestra relación con la tecnología.
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